"Arpial es un barco que va recogiendo a gente. Se monta el que quiere salir"

11/01/2010

Pedro Sánchez Barragán cuenta cómo descubrió que era alcohólico al llevar a su hijo a que fuera tratado por la misma adicción y cómo Arpial está ayudando a ambos a afrontar esta enfermedad y a salir de ella

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Es de Pilas, tiene tres hijos y acaba de empezar el año cargado de ilusiones y de una nueva vida. Pedro Sánchez Barragán lleva once meses luchando por salir de la situación en la que ha vivido durante muchos años, sin que ni siquiera lo supiera. Un día llegó a Arpial, la asociación de Pilas que trabaja por ayudar no sólo a personas con problemas de adicciones con el alcohol y otros estupefacientes, sino a sus familias, y encontró a gente que supo escucharles. Este fue el primer paso.

¿Cómo se decidió a ir a Arpial?

Para ayudar a mi hijo Ramón, que tiene 30 años. Empezó a beber muy joven, a tomar unas copas con los amigos, cuando salía… Era muy tímido, pero no veíamos cómo podíamos ayudarlo. Lo llevamos al psicólogo, le pusieron tratamiento, pero no había forma de que evolucionara.

El 10 de febrero del año pasado volví a llevarlo, y estábamos un poco desesperados porque no conseguíamos avanzar. Mi mujer, Pepa, vio un anuncio en la tele de Arpial y me dijo que había una asociación que ayudaba a personas con problemas de alcohol y drogas, y nos animamos a llamar.

¿Cómo fue ese primer contacto?

Estupendo. Me atendió Loli al teléfono y me dio cita para llevar a mi hijo. Pero al día siguiente, él no quiso ir. Como yo soy persona de palabra, le dije que yo me vestía y que iba, y fue la manera de animarlo. Llegamos a la asociación y nos recibió un grupo de acogida, empezamos con la terapia y a escuchar a las familias y a personas que habían tenido problemas, como nosotros.

¿Les sirvió?

Muchísimo. Allí descubrí que yo mismo era alcohólico. Que tenía en mi casa los mismos problemas que planteaban esas familias, porque llevaba años bebiendo y deteriorando la convivencia familiar, casi sin darme cuenta. No sólo era el problema de mi hijo, yo también tomé conciencia de los que tenía yo, que eran muchos.

 ¿Y qué hizo?

Dejé de beber. Estoy de abstinencia desde hace once meses, y llevo ya unos ocho meses sin fumar. He cambiado de vida, además. Mi familia es ahora otra.

¿En qué han cambiado?

Estamos retomando el contacto familiar, las charlas, la vida cotidiana. Hemos dejado a un lado las discusiones, las malas noches, los problemas. Y cuando te das cuenta es ahora. Un joven enganchado al alcohol se lleva toda la semana pensando en el sábado y el domingo, para beber, no disfruta. Pero a una persona mayor le pasa algo parecido. Sólo vives el rato que estás en el bar. El resto no te importa. Y tienes muchos amigos, pero la mayoría son amigos de consumo, de invitaciones y de copas.

Al escuchar su historia parece todo muy sencillo. Pero debe ser muy difícil superar una situación así…

Sí, lo es. Y la familia es muy importante. A veces es más enfermo el familiar, que oculta la situación y no quiere afrontarla. Por eso yo animo a todos los que tengan un caso así cerca a que sean valientes y den el paso. Nadie se va a asustar por verlos llegar a la asociación. Arpial es un barco que va recogiendo a gente. Unos se montan, y otros no. Pero hay que intentar posibilidades. Muchos se creen que la gente te va a señalar, y nadie lo hace. Lo importante es salir de la situación en que se está y empezar de nuevo. Siempre hay una oportunidad.

¿Qué hace ahora en Arpial?

Me acaban de pasar de nivel. Mi mujer, que me apoya en todo, y yo ahora hemos pasado de acogida a la fase dos. Este es un camino lento. Hay que trabajar día a día. Lo sabemos, y estamos dispuestos a hacerlo. Estoy muy agradecido al apoyo que nos han dado todos, desde Pedro Catalán, el presidente, a Inma, su mujer, Pablo, Loli, Manolo Monsálvez, Marielo, Antonio Atacho, Felipe... son fantásticos y nos han ayudado a descubrir que otra vida es posible y que juntos lo conseguiremos.