"El cine era la gran ventana que nos mostraba ese otro mundo, mezcla de realidad y fantasía"

20/01/2011

Juan Cabello es el gran artífice de la magnífica exposición que sobre el cinematógrafo mostró durante la pasada Semana Cultural, en septiembre, bajo el título ?El cine en Pilas: añoranza? y que atrajo a cientos de visitantes

El pasado mes de septiembre, coincidiendo con la Semana Cultural, la Casa de la Cultura albergó la exposición “El cine en Pilas: añoranza”. En ella, el autor de la misma, Juan Cabello Rodríguez, con abundancia de documentación y gran cantidad y variedad de materiales, puso ante los asistentes un trozo de la historia local reciente, la que hace referencia al cinematógrafo en nuestra pueblo y que abarca el periodo comprendido entre 1917, fecha documentada más antigua que habla de la proyección de películas en Pilas, concretamente en la Plaza de Belén en el verano del citado año, hasta 1987 en que cierra sus puertas al público el Cine Pinichi con la proyección del filme “Perfume de mujer”. Pilas Informa ha conversado con él sobre Pilas, el cine y su relación.

¿Recuerdas cuál fue la primera película que viste en el cine?
No lo recuerdo bien, pero pudo tratarse de una de de Bob Teele (Al sur de Santa Fe, La ley del más fuerte o quizás, Jinetes del desierto), que era un popular actor de películas del oeste y magnífico jinete. Hay un ramillete de filmes que, por un motivo u otro quedaron en mi memoria: “Trapecio”, “Ben-Hur”, “Solo ante el peligro”, “Horizontes de grandeza”, “Lulú”, “Moby Dick”, “Rebelde sin causa”, “Vacaciones en Roma”, “Marcelino, pan y vino”, “Calle Mayor”, “Oliver Twist”, entre otros.
Para un chaval de la época, como tú entonces, ¿qué suponía ir al cine?
Para muchos de nosotros era como un acontecimiento extraordinario. Podíamos ir poco al cine porque el dinero del que disponíamos era escaso y las entradas resultaba caras para nuestras posibilidades. Ya más mayor pudimos hacerlo con más frecuencia.
¿Qué se pretendía con la exposición?
Recuperar recuerdos, sentimientos, vivencias… algo que estaba casi en el olvido en los mayores, y ofrecer a los más jóvenes la posibilidad de conocer nuestros cines, ya que por su nacimiento no tuvieron ocasión de hacerlo. En resumen, poner en valor los setenta años del cinematógrafo en Pilas durante unos días.
¿Cuánto tiempo le ha llevado realizar la exposición?
Unos quince meses de trabajo. Calculo que le he dedicado más de mil horas, repartidas entre la búsqueda de información documental o escrita y oral, la recopilación del material que luego sería expuesto, etc. Fueron muchas las gentes con las que hablé y muchos los lugares que visité, y muchos los que colaboraron con la aportación de conocimientos y del material que posteriormente pudimos exponer para disfrute de los que la visitaron
¿Fue la gran aceptación por parte del público la que esperaba?
Pienso que la acogida por parte del público superó las expectativas; a pesar de la escasa publicidad de la que venía precedida. Superó las mil quinientas visitas. Hubo quienes repitieron hasta cuatro y cinco veces.
¿Con la muestra de septiembre termina su, llamemos, “compromiso” con el cine?
Aunque la exposición se cerró en su día, sigo trabajando para acumular más información y recogiendo material para añadir a lo que conocemos. Queda mucho por recuperar y actualizar.
¿Qué recuerdos tiene de Pinichi y Murillo?
Guardo recuerdos difíciles de olvidar. Son muchos, buenos y muy variados. Me acerca a una época bonita de mi vida que memorizo con nostalgia. Marcó, de alguna manera, un antes y un después.
¿Cómo eran estas dos salas?
Eran muy diferentes entre sí. Con el Pinichi tuvimos en Pilas el primer local dedicado a proyecciones cinematográficas como principal actividad desde 1930. Para ello se reutilizó la que fue bodega de “el Vareta” (donde se había proyectado filmes en temporadas durante los años veinte con este señor de propietario), con las reformas adecuadas para adaptarla a su nueva función.
El edificio del Murillo, moderno y confortable, fue construido para cine, allá por el 1951, Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que era de los mejores de la Provincia, incluyendo Sevilla capital.
Sus empresas disponían de patios-cines para las temporadas de verano, acogedoras y que destilaban olor a albero recién regado.
¿Había algún criterio para la selección de las películas? ¿Duraban mucho en cartel?
Las películas a proyectar las programaba la empresa (Murillo o Pinichi), aunque la distribuidora exigía, a veces, contratar otra u otras en lote con la solicitada y que, a veces por su bajísima calidad, ni se llegaba a poner o reproducirse.
A diferencia de lo que ocurre hoy, la vida de una película no tenía por qué ser efímera, de una breve temporada. Un filme se estrenaba y podía durar meses en un cine, llegar a las pantallas de otras salas años después de su rodaje, y volver a reponerse pasado un tiempo. Recordamos como la película que inauguró el Cine Murillo de verano en1951,  “Juana de Arco”, fue rodada en 1948.
¿Cómo era la publicidad de las películas a nivel local?
La publicidad que cada cine hacía de sus próximos estrenos era variada y similar en ambas empresas. Consistía fundamentalmente en la colocación de carteles en lugares estratégicos, en el reparto de carátulas o “estampitas, y en la exhibición del carrito de los “cuadritos” por nuestras calles y plazas (éste dejo de emplearse a finales de los cincuenta o principio de los sesentas, me parece recordar), y la proyección del trailer en pantalla antes del comienzo de la película del día.
¿Qué ha perdido el cine actual con respecto al de antaño?
Durante un tiempo, y sobre todo en la época en la que la televisión estaba por venir y la radio aún no llegaba a todos los hogares, el cinematógrafo desempeñó un papel importante tanto desde el punto de vista cultural como a la hora de llenar nuestro tiempo de ocio, era la gran ventana que nos mostraba ese otro mundo exterior: mezcla de realidad y fantasía.
El cine ha perdido, quizás, la “ingenuidad” del espectador, la curiosidad ante lo desconocido, la ilusión por lo nuevo, la capacidad de sorpresa … En el cine encontrábamos referentes o modelos a los que nos gustaba parecer: unos, a una actriz o actor determinado, otros a cierto personaje de ficción que representaban, a una manera de hablar, de caminar, etc. Para acercarnos un poco al cine que va desde los años cuarenta a los ochenta puede resultar interesante ver el filme “Cinema Paradiso”.
 
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